TICNÁMAR, UN OASIS EN LA INMENSIDAD DEL DESIERTO CORDILLERANO

“El pueblo antiguo era muy hermoso, se hacían carreras de caballos para el 5 de abril, los areteos a los animales en la fiesta de San Juan, para carnavales se hacían unas fiestas hermosas, también estaban los atachichillas y muchas otras tradiciones más. Sin embargo, el año 1958 vino una lluvia torrencial y bajó el río, que se llevó condigo una parte del pueblo, donde antiguamente estaba la escuela y al año siguiente se destruyó la otra parte. Desde ahí que el pueblo está así, deteriorándose año a año.”

 

Orfa Quispe, ticnameña.

“Tengo la esperanza que esta restauración nos una comunidad, para desarrollar nuevos proyectos y que nos sirva para conservar nuestro tesoro que es el templo, donde conservamos lindos recuerdos. Cuando niñita recuerdo que aquí no habían curas, sino que eran los mismos antiguos de la comunidad los que se preocupaban, cantaban, los que sabían y nos enseñaban.“

 

Lina Condori, ticnameña.

Escondido en un refugio de eucaliptos y terrazas con tunales, el pueblo antiguo de Ticnámar aparece como un oasis entre la inmensidad del desierto cordillerano. Allí, el río Ticnámar genera un amplio valle que permite agricultura de diversos frutos y hortalizas en precordillera. En 1959, el río desbordó – según comentan algunos en el mismo día de San José – y dañó seriamente el pueblo original, provocando el traslado de la comunidad a un punto más seguro donde actualmente se emplaza Ticnámar Nuevo, con su traza en damero y templo de reciente construcción.

De origen prehispánico, Ticnámar se distingue por el emplazamiento del templo aledaño a las ruinas del pueblo y cercano a los sitios arqueológicos vecinos de Tangane, Charcollo, Pukara de Saxámar y otros. Desde el antiguo templo salen caminos troperos que llevan a los calvarios y los sitios arqueológicos vecinos, que son valorados con mucho respeto por todos los ticnameños.

El pueblo nuevo conserva el espíritu del Ticnámar de antes, con su plaza, sus casas de adobe, su escuelita rural y el templo nuevo, sede principal de la fiesta de la Virgen de la Natividad que es celebrada todos los años con las costumbres andinas de la chuba, la challa, la pawa y la wilancha. En esta ocasión, los habitantes y descendientes del pueblo se vuelven a reunir para compartir con cánticos, bailes y ricas comidas.​

Aunque en el pueblo antiguo solo quedan los remanentes del pueblo que alguna vez fue, las familias ticnameñas atesoran con cariño los recuerdos de aquellos años pasados y sueñan a futuro con proyectos comunitarios que aporten a la protección del patrimonio, el territorio y el desarrollo local.

  • 1100-1550: La sierra ariqueña es poblada por grupos humanos que dejaron a su paso diversos restos materiales, constructivos, ceremoniales y artísticos. Cercanos al sector de Ticnámar destacan el pucará de Saxámar, el cementerio de Charcollo y los restos del poblado Tangane.

  • 1618: El sacerdote carmelita Antonio Vásquez de Espinoza visita distintos pueblos del territorio de los Altos de Arica, entre ellos ‘Ĺagnama’, creído por muchos autores que se trataría de Ticnámar.

  • 1626: Se menciona por primera vez la existencia de un campamento minero con el nombre de Ticnámar en una carta dirigida al virrey marqués de Guadalcázar en el que se destaca la riqueza del mineral del cerro Marques,

  • 1668: Se conforma la doctrina de Codpa, a la que Ticnámar perteneció hasta después de la chilenización.

  • 1739: Gracias a una visita doctrinal realizada en este año, conocemos que en el pueblo de Ticnámar habitaban 67 personas, población que aumentaría sustancialmente para el año 1750, cuando el pueblo registrara un total de 168 habitantes.

  • 1758: Se conoce de un documento de compraventa entre unos vecinos del pueblo de Codpa y el “Común de Indios de Ticnámar”, representados por Diego Apasa, en el que los ticnameños de ese entonces adquieren unos pastizales del sector.

  • 1883: La guerra del Pacífico termina definitivamente y los territorios de Arica y Tacna pasan a formar parte del Estado de Chile. Se inicia un intenso proceso de chilenización en todos los pueblos andinos.

  • 1959: Tras el desborde del río Ticnámar, una gran parte del pueblo acabó destruido, obligando a sus habitantes a trasladar sus casas a un lugar más seguro. Así nació el pueblo nuevo de Ticnámar, quedando el templo colonial y las viviendas de las antiguas familias sin uso.

  • 1960: La promulgación de políticas y programas de fortalecimiento para Arica generó la migración de muchas familias ticnameñas hacia la ciudad y sus valles productivos.

  • 2000-presente: Los avances tecnológicos, el mejoramiento del transporte y las comunicaciones, y el fortalecimiento de las organizaciones sociales de Ticnámar han permitido nuevos desafíos para el pueblo. La comunidad enfrenta nuevos proyectos, entre ellos, la restauración del templo Virgen de la Asunción.

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