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Cruces de Mayo en Ticnámar: Testimonios de memoria, tradición y fe comunitaria

Actualizado: jun 5


A través de relatos de ticnameñas, rememoramos las Cruces de Mayo, festividad de devoción cristiana que se entremezcla con las costumbres andinas, donde estas cruces “son vestidas año a año con mucho cariño”.


Según recuerda Pabla Corro, las cruces del Calvario eran las siguientes: “en la cima encontrábamos las cruces de la Virgen de la Asunción, de la Virgen de la Candelaria, del Santísimo, del Rosario y de la Natividad. A mitad de camino, las cruces de San Juan, San José, y casi llegando al pueblo, estaba la cruz de San Santiago”, las que se adornaban con “arreglos especiales de papeles de colores que las hacían ver muy bonitas”.


“¡Antiguamente era fiesta, pues! Todos querían agarrar alférez y se peleaban para bajar las cruces. Me acuerdo que nos juntábamos afuera del local, donde se tendían unas frazadas en el suelo, y cada alférez llevaba mote y sus ollitas de comida, y nosotros los del pueblo llegábamos con nuestros platos para servirnos. Había que evitar los martes y los viernes eso sí, porque eran días malos, eso sabían los antiguos. Recuerdo mucho las costumbres que hacíamos en el pueblo, muchos de ellos ya están finaos’: el Carlos, Sixto, Doroteo, Victoriano, Nico… ellos no se saltaban las tradiciones. Esa era una comunidad unida”, explica Telma Mena, ticnameña.


Lina Condori, quien aprenderá el oficio de la restauración de imágenes en los próximos meses en el marco del proyecto de “Restauración templo Virgen de la Asunción de Ticnámar”, financiado por SUBDERE, ejecutado por GORE y subejecutado por Fundación Altiplano, afirma: “Eso era en el pueblo antiguo, en el pueblo nuevo se ha perdido esa tradición. Mi mamá siempre decía: ‘pucha, ¡cómo han cambiado las cosas!’ Ella siempre se recordaba de la celebración de las cruces en Ticnámar y me contaba que la gente se peleaba para vestir las cruces y por quién lo hacía más bonito”.


Sin embargo, Ticnámar sueña con retomar esta tradición a futuro, un anhelo especialmente de los más mayores, que tuvieron la alegría de nacer y vivir en el pueblo antiguo. “Yo creo que con todo esto que se está haciendo de la restauración, hay que retomar estas tradiciones. Pero esta era una celebración de la comunidad y no nos debemos olvidar de su verdadero sentido”, concluye Lina Condori.


Revisa la reseña completa en “Relatos de Ticnámar: Las cruces de Mayo, ayer y hoy”, en: www.restauraticnamar.cl/publicaciones

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