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Relatos de Ticnámar: Corpus Christi, celebración que revivió la comunidad

Actualizado: jun 23


Por estas latitudes del mundo, en el mes de junio se conmemora el solsticio de invierno. Para las comunidades andinas, el sol se aleja hasta su punto más lejano y renace dando inicio a un nuevo ciclo de vida. Este hecho es particularmente relevante para una cultura que mantiene un estrecho vínculo con la tierra, la naturaleza y sus actividades productivas asociadas.


En los últimos años, ha ganado terreno en nuestra región el evento que algunos llaman Año Nuevo Andino, Inti Raymi o Machaq Mara, en honor a las raíces nativas del territorio; pero en los pueblos andinos, esta época de renovación coincide con dos celebraciones cristianas fueron introducidas tras la conquista por los evangelizadores y transformadas por la costumbre local: la fiesta de Corpus Christi y San Juan Bautista.


La celebración de Corpus Christi, o cuerpo de Cristo, es una de las tantas fechas de reafirmación de la fe católica que la Colonia trajo consigo para erradicar las “idolatrías” nativas. Ella se lleva a cabo 60 días después del Domingo de Resurrección, en el día jueves posterior a la celebración de la Santísima Trinidad, que a su vez ocurre una semana después del Pentecostés o Espíritu Santo. Fue el virrey Francisco de Toledo el responsable de instaurarla en el mundo andino en la segunda mitad del siglo XVI y desde ese entonces es festejada en diversas ciudades y pueblos del Surandino. Ticnámar es uno de ellos.


Nelby Zubieta, ticnameña y miembro del comité del proyecto, recuerda que la ceremonia del Corpus Christi era una ceremonia muy religiosa y solemne, mientras que el Espíritu Santo era una manifestación comunitaria y una conmemoración del tiempo de cosecha. Las familias recogían los frutos de las chacras y todas aquellas herramientas involucradas en la producción agrícola para c’halltar, es decir, agradecer a la tierra por los bienes recibidos y rogar por su bendición. Jóvenes y adultos participaban por igual; quienes no cumplían con la tradición eran víctimas de alguna travesura, pero nadie se enojaba, porque ante todo reinaba el respeto y la alegría.


“¡Antes en los pueblos se hacían todas las fiestas! Por ejemplo, antes del Corpus Christi estaba el Espíritu y se c’halltaban las papas más grandes que cosechaban. Dice que pasaban casa por casa con un burro cargado, entonces cuando la gente no abría la puerta, dice que le dejaban pircado con piedra ahí. Así jugaban antes los abuelos”, relata Paula Condori, ticnameña que año a año se preocupa por conservar las costumbres en el pueblo.


Para Olga Montealegre, el Corpus Christi era una importante ocasión que convocaba a la comunidad en torno al templo. “En aquellos años, hasta alférez tenía la fiesta de Corpus. Se hacía procesión igual como con el San Juanito, tendiendo frazadas tejidas por las calles del pueblo por donde iba pasando la custodia. Hoy en día, la gente de arriba prende alguna velita en honor a la fecha o hacen alguna ceremonia chiquita para conmemorar”.


Las circunstancias de la vida moderna han provocado que muchas de las fiestas comunitarias del pueblo se dejaran de celebrar, entre ellas, el Espíritu Santo y Corpus Christi. Pero algunas de las antiguas tradiciones perviven en Timalchaca, santuario hermano del pueblo de Ticnámar.



“La costumbre se hace igual. El día de antes se hace la chuwa y se lleva el corderito para el calvario. La sangre del cordero se bota con hojas de coca y claveles rojos y blancos. Al día siguiente, sube la micro con la gente y la banda, y se comparte la comida con todos los asistentes. Luego se saca la cera, que le decimos, unos cirios que hacemos todos los años con la señora Lina. No siempre va el sacerdote, a veces solo va un diácono o misionero. Antiguamente se tendía alrededor de la plaza unas frazadas o aguayos, entonces el padre salía en procesión cargando la custodia; ahora se hace toda la ceremonia dentro del templo”, explica Edith Loza, quien custodia las tradiciones de los templos de Ticnámar y Timalchaca.


Lina Condori, ticnameña que será capacitada en restauración durante el proyecto, nos cuenta que esta festividad ha tomado mayor fuerza en los últimos años gracias a la iniciativa del alferazgo y los bailes religiosos del Santuario, formado mayormente por familias del pueblo de Ticnámar: “una vez nos preguntamos ¿por qué no celebramos Corpus Christi? Entonces, formamos un pequeño grupito y dijimos “ya, vamos a subir para el día del Señor”, así que ahí nos formamos. Incluso el calvario grande de arriba estaba caído, entonces dijimos “pucha, mira cómo está, ¿por qué no hacemos el esfuerzo y lo arreglamos?”. Así que ahí nos juntamos e hicimos la cuota para arreglarlo, pero a nuestra manera po’, no quizás como se debería haber hecho, pero lo arreglamos.”


Doña Lina recuerda que, en un comienzo, sólo se trataba de una ceremonia pequeña, pero que a partir del año 2000 se ha transformado en una de las principales fiestas del Santuario: “desde ese año empezó a ir banda. Ese año pasó alférez mi hija y yo, como representante de ella, tuve que ir a esperar a la gente que subiera. Me fui un día antes porque hay que hacer la chuwa y todo eso, y me fui a hacer las costumbres allá. Cuando subió el grupo, Pablo Loza, que estaba de presidente ese año, nos sorprendió al subir con banda para Corpus Christi.”


La comunidad solía aprovechar el festivo del día jueves para acudir a la celebración, pero ya han pasado varios años desde que éste se eliminó del calendario. Inicialmente, la comunidad trasladó la festividad al fin de semana más próximo, para que pudiera participar la mayor cantidad de gente. Pero doña Lina indica que un evento especial les hizo cambiar de parecer:


“Nos cuestionamos si estábamos haciendo bien o estábamos haciendo mal, y lo que hacemos allá es que todo lo consultamos con las hojas de coca. Así eran los antiguos, todo lo consultaban, si estaban haciendo bien o mal, para saber. Entonces preguntamos si estábamos haciendo bien en celebrar Corpus Christi en otra fecha y la coca nos dijo que no, que él estaba acostumbrado a que fuera jueves y tenía que ser su día. A partir del otro año siguiente lo celebramos el jueves aunque llegáramos poquitos, y de ahí que no se ha dejado de llevar música, por último con una guitarra. No todos los años podemos llevar banda, como el año pasado que llevamos zampoñas. Después empezaron a agarrar alférez de Corpus Christi, entonces ha sido bonito, porque al principio el grupo organizaba a base de donaciones, y entre todos juntábamos para comprar el corderito para hacer la costumbre y todo. Y cuando salió la banda igual, todos cooperaban para hacer la plata para la banda”.


La festividad tendrá una pausa por este año tan complicado, pero para los devotos del Santuario no hay duda que se retomará con fuerza en cuanto se pueda. “Es bonita la convivencia, aunque no lleguen muchos porque el día no es feriado, pero ya es un grupito consolidado y Dios quiera que jamás se disuelva y que los jóvenes se sigan integrando porque nosotros ya estamos más viejitos, pero ya está fortalecida esa fiesta”, concluye Lina Condori.


Agradecemos los aportes de Edith Loza, Paula Condori, Olga Montealegre, Nelby Zubieta, Lina Condori y Katherine Yante en la elaboración de este artículo.

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