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San Juan en Ticnámar: la festividad comunitaria al santito  

Actualizado: jul 30


En Ticnámar, el San Juanito, como la comunidad llama con cariño a la figura del pequeño santo, es sinónimo de devoción, respeto y cariño. Su imagen está relacionada a la naturaleza y especialmente a los animales, pues a ellos se les encomienda para su buena salud, reproducción y abundancia. Días antes de la fiesta del 23 de junio, las familias del pueblo quilpan a sus animales con unos aretes de colores para distinguirlos y que no se confundan cuando se juntan con el ganado del vecino.


“El día de antes se hace la ceremonia de la chuwa con sus pastillitas y azúcar. A mí me gusta hacer la fiesta igualito a como lo hacían los abuelos. Subimos el corderito al calvario, bien bonito para hacer la wilancha. Al día siguiente se sube a la cruz que todos los santitos tienen, ahí encima de la era, donde se hace su ceremonia. Más tarde se hace la misa y después la quema de la paja. Ahí se comparte un fondo con caliente, su licorcito con especias, para todos los asistentes”, relata Paula Condori, quien pasó la fiesta el año pasado.


La fogata es un elemento característico de la fiesta de San Juan, tanto en el viejo mundo como en el sector andino. Olga Montealegre, ticnameña, rememora su experiencia en la festividad: “El año pasado lo hicimos a la salida de la iglesia, en la plaza. La Paula dejó listita la paja al lado de la iglesia y todos los que participaban, tomaban un poquito de paja en sus dos manos y, arrollidándose frente a la iglesia como haciendo una reverencia al Señor, echaban al fuego. Yo me emocioné mucho, porque era tal cual como yo me acordaba.”


A la mañana siguiente, los que participaban en la fogata debían ir al río a mojarse: “así hicimos nosotros el año pasado, fuimos al río a pawar, con una olla caliente y la banda que va acompañando. Después volvimos al pueblo para desayunar la calapurca con todos”, comenta Paula Condori.


“El pueblo antiguo era muy grande y el río pasaba bien al fondo, no era como ahora que está tan cerca. La procesión se hacía por la plaza que era grande y después se iba al río donde estaban los rebaños de la gente. De todo había, corderos, vacunos, chivitos, de todo había, y los dueños le presentaban al Señor de lejos. Ahora del pueblo quedan solo los recuerdos”, añade Olga Montealegre. De vuelta al pueblo, los ticnameños despedían al San Juan tirándole flores a lo largo de todo el camino y esperando un nuevo año lleno de prosperidad y abundancia.


Restauración del San Juanito

Este año, sin embargo, las imágenes son protagonistas por otro motivo. Por primera vez en muchos años, ellas serán restauradas en el Taller de Bienes Culturales del proyecto de restauración del templo Virgen de la Asunción de Ticnámar. Ahora es el turno del San Juanito, una imagen valiosa, datada aproximadamente del siglo XVIII, confeccionada originalmente con madera de maguey, tela encolada y esgrafiado de oro.


Revisa la reseña completa en “Relatos de Ticnámar: La noche de San Juanito”, en: restauraticnamar.cl/publicaciones

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