TEMPLO EN HONOR A 

LA VIRGEN DE LA ASUNCIÓN

Como gran parte de los templos andinos que encontramos en la región de Arica y Parinacota, el templo de Ticnámar fue fundado en el contexto de la ocupación colonial del continente americano y permanece hasta el día de hoy como una muestra de la sabiduría, creatividad y resiliencia del pueblo andino. Aunque sabemos de la existencia de un asentamiento temprano con el nombre de Ticnámar gracias a documentos históricos de inicios del siglo XV, no es hasta el año 1739 en que se nos informa por primera vez de un templo en el pueblo con la visita de Francisco Cornejo desde Arequipa a la doctrina de Codpa: “el pueblo de Belén que es principal y que tenga a su cargo Pachama, Saxamar, Ticmamar, Parinacota, Choquelimpie y Guallatire, (….) aunque estos tres últimos por ser minerales o ingenios regularmente suele haber uno u otro sacerdote forastero con que se puede tomar algún partido (…).

Cabe recordar que durante la época colonial en el continente americano, la institución religiosa católica cumplió un rol muy importante en la administración territorial y en la producción económica de los poblados más alejados de las grandes ciudades. A pesar de ello, las comunidades andinas lograron expresar su cultura ancestral, establecer importantes liderazgos locales y principalmente, conservar sus memorias e historias para las nuevas generaciones. En este contexto, destacamos la labor que cumplieron los fabriqueros, mayordomos, cantores, fiscales, alcaldes, sacerdotes y notarios en la preservación de los libros de bautismos, matrimonios, inventarios, visitas pastorales, censos y otros escritos que hoy nos permiten conocer cómo era el templo y pueblo de Ticnámar en el pasado.

Por ejemplo, en 1792, el párroco de la doctrina de Codpa, Jacinto de Araníbar, escribe en inventario una descripción acabada de la parroquia y sus anexos, además de enumerar todos los bienes e imágenes que allí se encontraban. Respecto a Ticnámar, indica: “Primeramente su iglesia con cementerio es de hadove [sic], y torre de lo mismo, y en estas tres campanas cortas con respectivos vadajos [sic]. La iglesia tiene techo pagiso [sic], y por dentro pintada con colores ordinarios con un solo altar, el que tiene mesa de hadove [sic].”

Más detalles nos entrega don Antonio Álvarez Jiménez recorre Arica, intendente de Arequipa, quien en 1793 recorre Arica describiendo las doctrinas de Belén y Codpa. Sobre el pueblo de Ticnámar, don Antonio nos comenta que: “se halla situado en medio de dos quebradas hacia la cordillera, siguiendo via recta el antecedente pueblo de Timar al que dista 10 leguas, y de la capital de 15 a 16, tiene igualmente su iglesia viceparroquial de 16 varas de largo y 6 de ancho que se ve decente por la devoción de sus indios, puesto tampoco tiene renta ni fundos algunos. Hay también bautisterio y pila bautismal, sacristía, torre y cementerio de adobe. Colocase a Nuestro Amo cinco veces al año que son en la que va el cura o su ayudante a dar Passto Espiritual a sus fieles”.

Más adelante, entre los años 1868 y 1877, la ciudad de Arica y sus pueblos andinos fueron afectados por una serie de sismos de gran magnitud. Muchas construcciones sufrieron severos daños, como la iglesia matriz de la ciudad de Arica, el convento de San Juan de Dios y, entre ellos, el templo de la Virgen de la Asunción de Ticnámar, en cuya portada se consigna la inscripción 1884, aludiendo a la fecha de una posible reconstrucción.

En 1907 el párroco Mariano Zeballos indica que en Ticnámar hay un templo con paredes de adobe y techo de paja y barro en buen estado. El techo se conservaría hasta el año 2007 cuando la comunidad, en un esfuerzo conjunto restituyeron la cubierta de paja por calamina para prevenir futuros deterioros producto de las lluvias estivales.

Luego de las fuertes lluvias de los años 1958 y 1959, la comunidad trasladó todas las imágenes del templo al pueblo nuevo, donde son acogidas en un nuevo edificio consagrado también a la Virgen de la Asunción. A pesar de ello,  algunos fieles de la comunidad se encargan de mantener la costumbre de atenderlo y prender velas en las festividades principales que anteriormente allí se solían celebrar.

El templo antiguo de la Virgen de la Asunción se destaca por su diseño barroco andino de grandes dimensiones, lo emparentan con los templos de Putre, Socoroma y, especialmente, del santuario de Timalchaca, del que es hermano. Se distingue por su fábrica de muros de adobe, una esbelta torre campanario exenta y portada de piedra labrada con columnas salomónicas. En su interior posee retablo de Altar mayor en obra con retícula colonial. Desde el año 2012, el templo de la Virgen de la Asunción de Ticnámar es Monumento Nacional en la categoría de Monumento Histórico, según decreto N.º 451.

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